lunes, 3 de febrero de 2020

DARWIN Y EL EVOLUCIONISMO

Desmontando (científicamente) a Darwin



En numerosas ocasiones me he referido aquí al evolucionismo, dejando patente que se trata más bien de un dogma de fe y no de una teoría científica demostrada. Lamentablemente, esta especie de verdad religiosa ha sido impuesta a la sociedad como algo incuestionable, pues no en vano representa uno de los núcleos duros del actual paradigma. A estas alturas, el darwinismo está sostenido por una mayoría de científicos que no osan revisar o desafiar sus principios teóricos. Antes bien, se han dedicado a construir en los últimos 150 años un complejo edificio para proteger el dogma, en el cual intervienen desde las matemáticas hasta la biología, pasando por la química o la física.

No obstante, cabe recordar que siempre ha existido una minoría de científicos que han puesto de manifiesto la falta de consistencia científica del darwinismo. Dicha minoría ya existía a mediados del siglo XIX y entre esos pocos críticos hubo científicos de gran talla y prestigio. Pero el darwinismo se fue blindando rápidamente y basó su defensa en que la oposición a sus tesis era puro creacionismo, religión o superstición. Cualquier cosa menos ciencia. En este punto ya sería hora de recordar que la crítica a la evolución por selección natural no se reduce a furibundos fundamentalistas sino que ha tenido entre sus filas a muchos científicos metódicos y rigurosos que han desestimado el darwinismo simplemente porque no se ajusta a los criterios reconocidos y aceptados del método científico moderno.

Como muestra de esta posición firme, me complace adjuntar seguidamente un artículo del biólogo español Emilio Cervantes, del CSIC (Centro Superior de Investigaciones Científicas), en el cual se deja bien claro que no hay forma de validar el darwinismo porque no admite experimentación ni es refutable, y lo que es peor, ha tratado de violentar el conocimiento del mundo natural, esperando que la biología se adapte dócilmente a los principios sagrados del evolucionismo, cuando en realidad eso es empezar la casa por el tejado. Como dice el propio Cervantes: “La biología no puede someterse a las teorías especulativas de la evolución, sino al contrario.”

El Traje Nuevo de Darwin: Una opinión personal y otros puntos de vista sobre la Teoría de Evolución por Selección Natural

“Son vanas y están plagadas de errores las ciencias que no han nacido del experimento, madre de toda certidumbre.” (Leonardo Da Vinci).

“El principio de la ciencia, casi la definición, es el siguiente: La prueba de todo conocimiento es el experimento. El experimento es el único juez de la "verdad" científica.” (Richard P. Feynman)

1. Un cuento chino

Hay un viejo cuento chino titulado en inglés “The emperor’s new clothes” y en español, “El traje nuevo del emperador”, que aun siendo bien conocido, no por ello deja de suscitar en quien lo escucha una sensación como de familiaridad o de “déjà vu”. Encontramos en el cuento algo que nos trae a la puerta de la memoria una situación familiar, pero a veces resulta difícil dar el último paso, definir cuál es esa situación y describirla; cerrar el círculo completamente y establecer la correspondencia exacta entre elementos de la ficción y sus correspondientes en la realidad. Para quien no recuerde el cuento, comenzaré por hacer un breve resumen.


El emperador desnudo

El emperador parte del palacio a un desfile con su séquito. Va desnudo, pero tanto entre su séquito como en la población de su imperio, se ha hecho correr la voz de que va vestido con un maravilloso traje nuevo. La voz ha corrido por las calles de tal manera que, aún viendo al emperador desnudo al paso de la comitiva, todo el mundo comenta cuán maravilloso es su nuevo traje. El desfile va transcurriendo con el emperador desnudo entre las multitudes que lo aclaman, admiradas, hasta que un niño rompe el encanto al exclamar: “El emperador está desnudo”. Entonces, todo el pueblo ve la realidad y reconoce que había sido víctima de un engaño.

El relato nos conmueve. Todos hemos sido víctimas, alguna que otra vez, de engaños, ora directos y malintencionadamente premeditados, ora más leves, parecidos a espejismos. Todos encontraríamos algún ejemplo. Pero, pienso yo, que la historia del emperador nos conmueve más que por el hecho de reconocernos víctimas de algún engaño en el pasado, por sugerir que el engaño es continuo; que, en cualquier momento, el niño que hay dentro de cada uno de nosotros puede saltar y advertirnos de “otro nuevo caso”, porque nuestra educación y, de alguna manera, nuestra civilización y cultura, podría consistir en alguna medida en respetar y guardar silencio ante, algunas de estas situaciones “engañosas”, sostenidas por consenso, por tradición, pero difícilmente defendibles.

A mi entender, la extensión, difusión y reafirmación de la Teoría de Evolución por Selección Natural constituye un magnífico ejemplo que ilustra este punto de vista. Se nos ha dicho: “He ahí una gran teoría científica”, “He ahí una genial idea que cambió la historia”... Lo admitimos y nadie se toma la molestia de analizar estas afirmaciones. Pero, tal vez, la hora llegada permite otro análisis...

He mencionado dos conceptos, ambos importantes, pero diferentes: “Gran teoría científica”, “Genial idea”. Para empezar, existen diferencias enormes entre ambos. ¿A cuál de ellos se aproxima más la teoría darwinista de Evolución por Selección Natural? ¿Es, en realidad, una genial idea? ¿Constituye una Teoría Científica? No me preocupa saber si es genial o no. En esto cada uno será libre de opinar, pero en cuestiones de ciencia, no, aquí no se trata de opinar. Por eso, como científico sólo estoy interesado en responder adecuadamente a la segunda pregunta.

Como tantas palabras, Teoría tiene hoy dos acepciones, dos significados bien diferentes. La primera es general, la segunda se aplica exclusivamente al ámbito científico en las modernas ciencias experimentales. En su acepción general, Teoría es todo conjunto de conocimientos o de ideas. En este sentido, diremos que “La Teoría” se refiere al conocimiento en sentido amplio y no tiene, necesariamente, que poseer aspectos que sean experimentalmente demostrables. En su segunda acepción, “Una Teoría” es la explicación científica de un fenómeno natural. Por el hecho de ser científica, esta teoría debe poder someterse a experimentación. Su veracidad podrá ser refutada, si la experimentación no confirma lo esperado (predicho). Si, por el contrario lo confirma, la teoría se mantendrá como la mejor explicación posible, pero en cualquier caso su veracidad no quedará nunca absolutamente demostrada y permanecerá como la mejor explicación posible en tanto en cuanto no surjan nuevas aproximaciones al problema, momento en el que llegará su refutación, destino final e inevitable de toda teoría (Popper, 1963).

Sólo en este sentido hablaremos de Teoría Científica y lo haremos teniendo en cuenta el Método Científico tal y como se aplica hoy en las ciencias experimentales. Si la teoría no implica a elementos bien conocidos o mesurables, entonces su comprobación será imposible y por lo tanto no será una Teoría Científica en el sentido estricto del término. Si, por el contrario, nuestra teoría pone en juego relaciones entre elementos bien descritos y cuantificables, entonces podrá terminar en forma de una ley expresable por un enunciado matemático en el que intervendrán las representaciones de dichos elementos. Por todo ello, antes de responder taxativamente a las preguntas arriba planteadas, conviene entrar en detalles acerca del Método Científico.

2. El Método Científico


Galileo Galilei

Aproximadamente desde Galileo, se propone un método nuevo para conocer los mecanismos que operan en la naturaleza y las leyes que los rigen. Como todo el conocimiento precedente, el Método Científico se basa en la observación de los fenómenos. Conociendo algo acerca de cómo ocurren las cosas, se identifican y aíslan elementos variables que operan en los hechos. Se tiende a identificar y definir nuevas relaciones entre dichos elementos que, a partir de ahora, puedan ser comprobadas mediante la experimentación. A diferencia de la Teología, que marcó en buena medida la pauta del conocimiento medieval, en Ciencia no se parte de verdades establecidas, sino de elementos, cuya existencia está demostrada por los sentidos y perfectamente consensuada (el sol, la tierra, el tiempo, la distancia). De la cuidadosa y repetida observación del comportamiento de dichos elementos se pueden deducir nuevas relaciones, surgiendo teorías que contradicen lo establecido.

Las teorías serán aceptables si su contenido se confirma mediante la experimentación. En este caso, Galileo, propone no entrar en el terreno teológico. En definitiva, indica Galileo que lo que muestra la experiencia es cierto, y las escrituras pueden bien tener motivos para expresar las cosas de otro modo. Se crea así un cisma, una división entre lo “Científico” y lo que no lo es (Teología, fe, adivinación, especulación…).

La ciencia, viene a proponer así, el método para ir más allá de los nombres e investigar en las relaciones comprobables entre las cosas. Galileo muestra su disconformidad, por ejemplo con que la gravedad sea la causa de la caída de los cuerpos:
“Te equivocas, Simplicio; debías decir que todos saben que se llama gravedad. Pero yo no te pregunto por el nombre, sino por la esencia de la cosa. De ésta tu no conoces ni un ápice más de lo que conoces sobre la esencia del motor de los astros que giran. Excluyo el nombre que se le ha atribuido y que se ha hecho familiar y corriente por las malas experiencias que tenemos de él mil veces al día. Realmente no comprendo cuál poder o qué principio sea el que mueve una piedra hacia abajo, ni comprendemos lo que la mueve hacia arriba una vez que ha dejado al proyector o lo que hace girar a la luna...”
La gravedad es un nombre. Pero, ¿En qué consiste? Se tardó muchos años en llegar hasta el punto en que hoy nos encontramos en esta cuestión, ciertamente más avanzado que en tiempos de Galileo; pero, en el cual, la cuestión no ha quedado ni mucho menos zanjada, agotada. La ciencia no agota cuestiones, sino que aporta nuevas interpretaciones cada vez más acordes con la actualidad en una realidad cambiante. Los avances se basan en dos puntos: 1) Una correcta definición de los elementos que intervienen y 2) El establecimiento de las relaciones entre ellos, verificables mediante la observación y la experimentación. Finalmente, en el caso de la gravedad, las matemáticas han contribuido a dar una formulación adecuada. ¿Estimamos la cuestión resuelta hoy? No del todo. Para recorrer el camino fue necesario, en primer lugar, distinguir lo que es un nombre de lo que es una nueva relación entre elementos conocidos y definidos. A continuación, fue necesaria buscar esa relación, que se encontraría con Newton y la fórmula de la ley de atracción gravitatoria, pero hoy el camino sigue y pueden surgir nuevas interpretaciones. Vemos así, en éste y podríamos ver en otros ejemplos, cómo el Método Científico se fue aplicando a partir de Galileo a lo largo de los siglos XVII, XVIII, XIX y XX. Sus éxitos fueron notables en física y química y, sobre todo a partir del siglo XX, también en biología.

No existen muchos ejemplos de la aplicación del Método Científico en las Ciencias Naturales durante los siglo XVIII y XIX: Joseph Priestley, Claude Bernard, Gregor Mendel, y, muy a finales de siglo, Buchner. Existen más ejemplos, incluyendo tal vez algunos experimentos de Charles Darwin en relación con los movimientos de las plantas, pero ninguno de ellos en relación con el estudio de la evolución de las especies.

La Teoría de Evolución por Selección Natural no responde a los criterios básicos del método Científico. Varias razones sostienen esta afirmación:

1. Los elementos que intervienen en ella no están bien definidos. En particular, las especies. La biología moderna muestra lo difícil que es la definición de especie.
2. Es imposible someter a experimentación la evolución. Cualesquiera que sean los resultados de laboratorio no son extrapolables a los tiempos geológicos.

Por lo tanto, comparando el término Selección Natural con gravedad, decimos, con Galileo que la Selección Natural es una palabra, un nombre y que la teoría darwinista de Evolución por Selección Natural no aporta ninguna explicación, nada nuevo. Se trata de una tautología, una verdad de Perogrullo, una manera de ver las cosas, más próxima a una explicación de la naturaleza propia de la era pre-científica que del Método Científico.



Georges Cuvier

La idea de transformación en la naturaleza aparece en distintas formas muchos años antes de Darwin (Diderot, D’Alembert, Maupertuis, Goethe, Cuvier...) que no habían sido muy difundidas, probablemente por ser contrarias con el dogma religioso del relato bíblico de la creación. Quizás Darwin estuvo en el lugar apropiado y en el momento apropiado para que su visión de la naturaleza, de gran relevancia en la creciente concepción materialista del mundo, fuese ampliamente difundida. En este caso lo que triunfó no fue la teoría científica, de la cual Darwin hubiese sido responsable, sino la difusión de una teoría metafísica de la que Herbert Spencer, el filósofo de Darwin, fue también responsable (Hodge, 1874). Así, el nombre de evolución, cuyo uso fue promovido por Herbert Spencer, autor contemporáneo de Darwin y responsable del “darwinismo social y metafísico”, se asocia con progreso y también con descendencia lineal, de unas especies a partir de otras, como en una genealogía continua, conceptos ambos asociados en una interpretación muy limitada y de difícil comprobación experimental.

El paleontólogo alemán Karl von Zittel expresó: “La ciencia aspira ante todo a la verdad. Cuánto más convencidos estemos de la fragilidad de nuestro conocimiento teórico, más deberemos consolidarlo mediante hechos y observaciones nuevas.” Y, en su obra “Les transformations du monde animal”, Charles Déperet comenta así esta frase:
“Sages conseils que feraient bien de méditer et de suivre les paleontologistes a l’esprit aventureux, enclins a construire, avec une hâte febrile, des arbres genealogiques sans nombre, donc les troncs pourris, suivant l’expression imaginée de Ruteimeyer, aussitôt demolis que dressés, jonchent le sol de la fôret et en rendent l’accés plus difficile pour les progrés de l’avenir.”

[“Sabios consejos que harían bien de meditar y seguir los paleontólogos con el espíritu aventurero, inclinados a construir, con una prisa febril, innumerables árboles genealógicos, por lo que los troncos podridos, según la expresión imaginada de Ruteimeyer, tan pronto demolidos como erigidos, se esparcen por el suelo del bosque y hacen el acceso más difícil para el progreso del futuro.”]
Por circunstancias históricas y sociales, la teoría darwinista tuvo un importante éxito que fue potenciado todavía más en el siglo XX y hoy constituye la base del paradigma neo-darwinista en biología. Una teoría con una base dogmática más propia de la filosofía medieval que de la ciencia moderna, rige hoy, en buena medida, los experimentos que conciernen la sanidad, la herencia, la agricultura y la alimentación y en los que intervienen elementos genéticos que pueden ser transferidos entre especies diferentes. Curiosa, pero no excepcionalmente, la teoría tuvo críticas mucho más severas en el pasado que en la actualidad. Veamos algunas.

3. Comentaristas críticos de Darwin

Es de destacar que, entre los contemporáneos de Darwin, muchos de los críticos con su teoría lo fueron desde un ámbito religioso, lo cual dio pie a numerosas defensas que, en realidad, no defendían la Teoría de Evolución por Selección Natural que es la aportación original de Darwin, sino la evolución considerada en general, la transformación de los seres vivos con el tiempo o aspectos puntuales como la edad de la tierra. Muchos de los argumentos de Huxley en defensa de Darwin, en realidad defienden la evolución frente a argumentos dogmáticos y religiosos y no defienden la Selección Natural. Su réplica va dirigida frente a argumentaciones en contra de Darwin procedentes de puntos de vista teológicos y por eso Huxley cita a San Agustín, Santo Tomás o Suárez. Nada tiene que ver esto con la teoría propuesta por Darwin. Huxley, llamado el bulldog de Darwin, nunca se definió a si mismo ni se manifestó como defensor de la Teoría de Evolución por Selección Natural. Uno de los críticos más divertidos y menos citados de Darwin es Karl Marx. En una carta a Lasalle del 16 de Enero de 1861 hace un comentario que hemos reproducido del texto de Manuel Cruz citado abajo y que no es anecdótico:
“Naturalmente, hay que dejar a un lado la tosca manera inglesa de exposición” (citado en Cruz, 1989, p. 160)
En una carta a Engels:


Thomas Malthus

“Me divierto con Darwin, al que he echado una nueva ojeada, cuando afirma aplicar la teoría de Malthus tambien a las plantas y a los animales, como si el jugo del señor Malthus no estuviera precisamente en el hecho de que esa teoría no se aplica a las plantas y a los animales, sino –con geométrica progresión– sólo a los hombres, en contraste con las plantas y animales. Es notable el hecho de que en las bestias y en las plantas, Darwin reconoce a su sociedad inglesa, con su división del trabajo, la competición, la apertura de nuevos mercados, los inventos y la maltusiana lucha por la existencia. Es el bellum omnium contra omnes de Hobbes y hace pensar en la Fenomenología de Hegel cuando se configura la sociedad burguesa como “reino animal ideal”, mientras que en Darwin el reino animal se configura como sociedad burguesa” (citado en Cruz, 1989, p. 162).
En su introducción a la dialéctica de la naturaleza, Engels tampoco se quedó corto con una frase que invita a la reflexión:
“Darwin no sabía qué áspera sátira de la humanidad y especialmente de sus conciudadanos escribía al demostrar que la competencia libre, la lucha por la vida, celebrada por los economistas como la conquista más alta de la historia, es el estado moral del reino animal.” (Tomado de “La comedie inhumaine” de André Wurmser)
Nietzsche fue también crítico con Darwin. En su libro “El crepúsculo de los ídolos”, en el capítulo titulado “Incursiones de un intempestivo” (pp. 122-123), Nietzsche opinaba así acerca del darwinismo:
“Anti-Darwin. En lo que respecta a la famosa “lucha por la vida”, me parece que de momento está más afirmada que demostrada. Se da, pero como excepción; el aspecto global de la vida no es el del estado de necesidad, el de la hambruna, sino más bien el de la riqueza, el de la exuberancia, incluso el del absurdo derroche: donde se lucha, se lucha por poder... no se debe confundir a Malthus con la naturaleza. Ahora bien, suponiendo que exista –y en verdad, se da– esa lucha transcurre, por desgracia, de modo inverso al deseado por la escuela de Darwin, al que quizá sería lícito desear con dicha escuela: a saber, en contra de los fuertes, de los privilegiados, de las excepciones felices. Las especies no crecen en perfección: Los débiles se enseñorean siempre de los fuertes, y esto es porque son el mayor número y también porque son más listos... Darwin se ha olvidado del espíritu (¡qué inglés es esto!), los débiles tienen más espíritu... Hay que necesitar espíritu para obtener espíritu, y se pierde cuando ya no se necesita. Quien tiene la fuerza se desprende del espíritu...”

Otros críticos de Darwin fueron reputados profesionales de la Ciencia, entre ellos naturalistas, como Karl Ernst von Baer y Louis Agassiz; paleontólogos como Richard Owen; geólogos como Charles Lyell y Adam Sedgwick. Von Baer (1792-1876) pasó sus últimos años dedicado a la crítica del darwinismo. Su crítica de Darwin está basada en principios morales, filosóficos y científicos. Entre estos últimos, destacó la complejidad de los procesos evolutivos. Louis Agassiz (1807-1873), un reputado naturalista y paleontólogo nunca admitió la evolución, sino que más bien fue creacionista. Escribió:
“The combination in time and space of all these thoughtful conceptions exhibits not only thought, it shows also premeditation, power, wisdom, greatness, prescience, omniscience, providence. In one word, all these facts in their natural connection proclaim aloud the One God, whom man may know, adore, and love; and Natural History must in good time become the analysis of the thoughts of the Creator of the Universe…”
[“La combinación en el tiempo y el espacio de todas estas concepciones reflexivas no solo muestra el pensamiento, sino que también muestra premeditación, poder, sabiduría, grandeza, presciencia, omnisciencia, providencia. En una palabra, todos estos hechos en su conexión natural proclaman en voz alta al Único Dios, a quien el hombre puede conocer, adorar y amar; y la Historia Natural debe convertirse a su debido tiempo en el análisis de los pensamientos del Creador del Universo...”]

Charles Lyell

Richard Owen (1804-1892) fue favorable al evolucionismo, pero se opuso firmemente a la teoría de la Selección Natural. Charles Lyell (1797-1875) era evolucionista, pero nunca aceptó la teoría de Evolución por Selección Natural. Adam Sedgwick (1785-1873), fue profesor y mentor de Darwin. Nunca apoyó la Teoría de Evolución por Selección Natural y escribió a Darwin en una carta el 24 de Noviembre de 1859:
“If I did not think you a good tempered & truth loving man I should not tell you that… I have read your book with more pain than pleasure. Parts of it I admired greatly; parts I laughed at till my sides were almost sore; other parts I read with absolute sorrow; because I think them utterly false & grievously mischievous. You have deserted –after a start in that tram-road of all solid physical truth– the true method of induction…”
[“Si no le considerara un hombre de buen temperamento y amante de la verdad, no debería decirle que... He leído su libro con más dolor que placer. Partes de él admiré grandemente; partes de las que me reí hasta que mis costados estaban casi adoloridos; Otras partes las leí con absoluta tristeza; porque las considero absolutamente falsas y gravemente dañinas. Ha abandonado –después de un comienzo en ese camino de toda verdad física sólida– el verdadero método de inducción...”]
No sorprende entonces, que, un año después de la publicación de su obra en una carta al respetado profesor Lyell, Darwin dijese:
“I have heard by round about channel that Herschel says my book is the law of higgledy-pigglety” (Tomado de Peter Dear, 2006).

[“He oído por medios indirectos que Herschel dice que mi libro es la ley del sin ton ni son.”]
Finalmente, una opinión rotunda. El filósofo de la ciencia Karl Popper, en su libro titulado “Conjectures and Refutations: The Growth of Scientific Knowledge” dice:
“No existe ninguna ley de la evolución, sino sólo el hecho histórico de que las plantas y los animales cambian, o, más precisamente, que han cambiado. La idea de una ley que determine la dirección y el carácter de la evolución es un típico error del siglo XIX que surge de la tendencia general a atribuir a la “Ley Natural” las funciones tradicionalmente atribuidas a Dios.” (p. 408)

4. Conclusión

Si se mira desde un punto de vista estrictamente científico, experimental, entonces la Teoría de Evolución por Selección Natural de Darwin no es una teoría científica, porque no es demostrable mediante experimentación y no es refutable (Popper, 1963). No pone de manifiesto nuevas relaciones entre elementos bien descritos de la naturaleza, sino que, por el contrario, en ella intervienen elementos que la biología actual ha demostrado que son muy complejos y difíciles de describir (las especies). La Evolución de las especies no es fácilmente reducible al método experimental. Sus mecanismos implican elementos que la bioquímica, la genética y la biología molecular intentan ahora describir. La definición de virus, transposones, multitud de ARN catalíticos, y la posible participación de éstos elementos en procesos de epigenética, poliploidización, reorganizaciones del genoma, silenciamiento génico, etc. son algunas de las tareas en que se ocupa la biología actual.

Cualquier teoría evolutiva deberá contar con la participación de estos elementos, porque la frase de Dobzhansky: “En biología nada tiene sentido si no se considera bajo el prisma de la evolución” debe hoy ser justamente convertida en: “En evolución nada tiene sentido si no se considera bajo el prisma de la biología”. La biología es la ciencia experimental poderosa y predominante en nuestro tiempo. Por lo tanto, la biología no puede someterse a las teorías especulativas de la evolución, sino al contrario.


domingo, 26 de junio de 2016

Al descubierto la complicidad británica, saudí y del FBI en la masacre de Orlando: Son los mismos que ocasionaron el 11-S



El secretario de Estado de EU, John Kerry y el senador John McCain, de Arizona, conversan con miembros de la familia real saudí en Riad, Arabia Saudita. ¿Saben ellos lo que hay en las 28 páginas?

16 de junio de 2016 — El cuento inicial de que la masacre de Orlando fue obra del Estado Islámico se desintegra rápidamente, en la medida en que aparecen más pruebas que muestran a la misma combinación de fuerzas que llevaron a cabo los ataques del 11-S del 2001, o sea, los británicos, los saudíes y el FBI.

El asesino de Orlando, Omar Mateen, fue por mucho tiempo empleado de una de las agencias de seguridad privadas de la corona británica más grandes del mundo –-y de las más sucias también— G4S, con 620.000 empleados en más de 100 países del mundo. La G4S es la tercera corporación privada más grande del mundo, y es una parte fundamental del "imperio invisible" de la monarquía británica, de mercenarios privados, asesinos y operativos clandestinos. En Estados Unidos, G4S tiene los contratos de seguridad para el 90% de las plantas de energía nuclear en Estados Unidos, es un importante contratista del Departamento de Seguridad Interna, e incluso tuvo a su cargo la seguridad de los pozos petroleros de la British Petroleum en el Golfo de México, lugar donde trabajó Omar Mateen por varios años.

A pesar del hecho de que varios colegas de Mateen exigieron a sus empleadores que despidieran a Mateen, debido a su comportamiento psicótico y violento, la empresa lo mantuvo e incluso hizo los trámites para que pudiera portar armas ocultas.

Mateen hizo dos viajes a Arabia Saudita, en 2011 y en 2012, y se hospedó en hoteles cuatro estrellas y en otros sitios caros. No se conoce que es lo que hacía allá, aunque ambos viajes ocurrieron mientras que era empleado de G4S.

Mateen estuvo bajo investigación del FBI por casi un año, como sospechoso de tener nexos con terroristas, pero finalmente, el FBI dejó el caso y en ningún momento estuvo en riesgo su empleo en G4S. De hecho, informes recientes publicados en el diario New York Times y en el sitio electrónico The Intercept, dejan en claro que el propio FBI ha venido controlando todo un ejército de provocadores "islamistas" pagados, por medio de las típicas operaciones encubiertas para "entrampar" presuntos delincuentes (llamas "sting" en la jerga del FBI, que en inglés significa "pinchazo") las cuales cobraron notoriedad en las décadas de 1970 y 1980 con las operaciones Abscam y Brilab, en las cuales agentes del FBI se disfrazaban de príncipes saudíes para tentar a miembros del Congreso y del movimiento sindical y luego ponerles una trampa para acusarlos de soborno. La mitad de los casos de "terrorismo" abiertos por el FBI desde el 11-S, tienen que ver con estas operaciones de pinchazo, y en muchos de los casos, los individuos involucrados padecían enfermedades mentales o estaban desesperados financieramente, o las dos cosas.

Si se quiere entender cómo controlan los británicos y manipulan la política de Estados Unidos, solo hay que estudiar con cuidado el nexo anglo-saudí-FBI. Este aparato ha sido un factor dominante desde que la monarquías británica y saudí iniciaron el acuerdo Al Yamamah de petróleo por armas en 1985, con sus cuentas secretas en los paraísos fiscales para financiar el terrorismo yihadista mundial. Para que Estados Unidos recupere su independencia, se tiene que exponer y aplastar este aparato por completo y para siempre.

Es por eso que los británicos, los saudíes y el FBI están aterrorizados con la posibilidad de que las 28 páginas dejen de ser secretas. Las pruebas que contienen esas páginas, independientemente de las mentiras que salen de John Brennan y Barack Obama, abren la puerta para ver todo el control del imperio británico, de arriba abajo, sobre el terrorismo mundial. Una intervención sumamente importante en este respecto, es la resolución HR-779 que acaba de introducir el congresista Walter Jones, la cual exige la publicación inmediata del capítulo de 28 páginas suprimidas de la Investigación Conjunta del Congreso sobre el 11-S, en el Registro del Congreso, sin ninguna interferencia de Obama o de John Brennan, siguiendo la separación de poderes que marca la Constitución.

El hecho de que la propuesta se introdujo el mismo día en que llegó a Washington el segundo príncipe heredero de la corona saudí, el poder tras del trono, príncipe Mohammed bin-Salman, para reunirse con John Kerry, Ashton Carter, John Brennan, James Clapper, Paul Ryan y Nancy Pelosi, es muy oportuno.

Este es un momento de enfrentamiento total, y se tiene que movilizar a todas las fuerzas sensatas para forzar que salga la verdad sobre el imperio británico-saudí, y para acabarlo de una vez por todas.

viernes, 29 de abril de 2016

La CIA: teoría y práctica del caos


Reproducimos un extracto del libro The Craft of Intelligence [El arte de la Inteligencia], cuyo autor, Allen Welsh Dulles, fue director de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA) entre 1953 y 1961.


«Sembrando el caos en la Unión Soviética sustituiremos sus valores, sin que sea percibido, por otros falsos, y les obligaremos a creer en ellos. Encontraremos a nuestros aliados y correligionarios en la propia Rusia. Episodio tras episodio se va a representar por sus proporciones una grandiosa tragedia, la de la muerte del más irreductible pueblo en la tierra, la tragedia de la definitiva e irreversible extinción de su autoconciencia. De la literatura y el arte, por ejemplo, haremos desaparecer su carga social. Deshabituaremos a los artistas, les quitaremos las ganas de dedicarse al arte, a la investigación de los procesos que se desarrollan en el interior de la sociedad. Literatura, cine, teatro, deberán reflejar y enaltecer los más bajos sentimientos humanos. Apoyaremos y encumbraremos por todos los medios a los denominados artistas que comenzarán a sembrar e inculcar en la conciencia humana el culto del sexo, de la violencia, el sadismo, la traición. En una palabra: cualquier tipo de inmoralidad. En la dirección del Estado crearemos el caos y la confusión. De una manera imperceptible, pero activa y constante, propiciaremos el despotismo de los funcionarios, el soborno, la corrupción, la falta de principios. La honradez y la honestidad serán ridiculizadas [como] innecesarias y convertidas en un vestigio del pasado. El descaro, la insolencia, el engaño y la mentira, el alcoholismo [y] la drogadicción, el miedo irracional entre semejantes, la traición, el nacionalismo, la enemistad entre los pueblos y, ante todo, el odio al pueblo ruso; todo esto es lo que vamos a cultivar hábilmente hasta que reviente como el capullo de una flor.

Sólo unos pocos acertarán a sospechar e incluso comprender lo que realmente sucede. Pero a esa gente la situaremos en una posición de indefensión, ridiculizándolos, encontrando la manera de calumniarlos, desacreditarlos y señalarlos como desechos de la sociedad. Haremos parecer chabacanos los fundamentos de la moralidad, destruyéndolos. Nuestra principal apuesta será la juventud. La corromperemos, desmoralizaremos, pervertiremos (…)». 
Allen Welsh Dulles (The Craft of Intelligence, 1963)

Un profesional del caos: el ‘curriculum’ de Allen W. Dulles

Aunque el texto inicial de Dulles —que deja al Reichspropagandaleiter Joseph Goebbels a la altura de un inexperto principiante— es tan elocuente y explícito que no deja lugar a dudas ni requiere comentarios ni explicaciones, para analizar en su contexto temporal la ausencia absoluta, impasible y descarnada de principios éticos, así como el nihilismo fascista, amoral y obsceno del personaje, daremos un pequeño repaso al curriculum de Dulles, todo un profesional del caos cuya trayectoria es una cruda caracterización de los verdaderos orígenes de la Guerra fría contra la Unión Soviética, la implacable política imperial de Estados Unidos para hacer frente a los movimientos de liberación nacional y popular en su área de influencia y el papel que jugó la CIA en todo ello.

1916: Nacido en 1893 en el seno de una familia de profundas convicciones religiosas e influencias políticas, a la finalización de sus estudios Dulles es destinado al servicio diplomático en la legación de Estados Unidos ante la Confederación Helvética a los 23 años de edad. En esa etapa, según diversas fuentes, Dulles deniega el visado para viajar a Nueva York al mismísimo Vladimir Ilich Lenin, a la sazón exiliado en Suiza.

1945: Tras estar destinado en Alemania en la década de 1930 y retornar a Suiza al inicio de la Segunda Guerra Mundial, dirige la operación Sunrise (“amanecer”), también llamada Crossword (“cricigrama”), una serie de negociaciones secretas que se realizaron en el país helvético con el gobierno de la Alemania nazi en los meses finales de la Guerra, encaminadas a alcanzar una “paz separada” de Gran Bretaña y EEUU con el III Reich dejando al margen a los aliados soviéticos. La “paz separada” con EEUU y Gran Bretaña era una opción valorada por varios miembros del gobierno del Reich y del Estado Mayor de la Wehrmacht como la única salida a una guerra en dos frentes que ya daban por perdida. De esta forma, los nazis habrían podido concentrar todo su esfuerzo bélico y la totalidad de sus divisiones en el Frente oriental para evitar que Berlín sucumbiera al avance arrollador del Ejército Rojo, como así ocurrió finalmente. Los principales negociadores de Sunrise fueron el general de las Waffen-SS Karl Wolff (por la parte alemana) y el propio Allen Dulles (por la parte anglo-estadounidense).

Fuga de cerebros fascistas de Europa

1945-1959: Tras la Segunda Guerra Mundial y con el inicio de la Guerra fría Dulles se convierte en uno de los principales responsables de la Operación Paperclip, plan “secreto” promovido por el Servicio de Inteligencia Militar de EEUU para acoger técnicos y científicos nazis especializados en armas de destrucción masiva, como los cohetes V-2 o las armas químicas; así como expertos en experimentación médica, en buena medida producto de la criminal utilización de cobayas humanas en los campos nazis de exterminio.

Los cálculos más moderados estiman en al menos 700 los nazis acogidos en territorio norteamericano a través de esta masiva operación de fuga de cerebros fascistas de Europa. Uno de los más destacados paperclips fue Wernher von Braun (Alemania, 1912-1977), ingeniero aeroespacial experto en misiles, ex-oficial de las SS nacionalizado estadounidense en 1955 y cabeza visible de los logros del programa espacial norteamericano en los años siguientes.

‘Macrocampaña viral’ y golpes militares
1949: A partir de este año, Allen Dulles participa de forma decisiva en la creación, desarrollo y dirección de la operación Mockingbird¹, una unidad secreta de control de los medios de comunicación encabezada por Frank Wisner, un antiguo picapleitos de Wall Street que posteriormente fue jefe de planes de los servicios secretos de EEUU en Europa Oriental donde, aparte de destacar como hombre resolutivo y de acción en varias operaciones en Rumanía y Hungría, fue el enlace con la Gehlen Organisation, una célula de oficiales alemanes cuyo objetivo era la reconversión de antiguos agentes nazis a las redes de inteligencia, contraespionaje, sabotaje, terrorismo, infiltración, subversión y lucha anticomunista de los servicios secretos estadounidenses en Europa.

A través de Mockingbird alrededor de 25 agencias (AP, United Press y Reuters, entre otras) y centenares de periodistas de los principales medios de EEUU (ABC, NBC, CBS, The New York Times, The Washington Post, Time, Newsweek, etc.) fueron empleados para difundir noticias amañadas que la CIA les proporcionaba. La cúpula de esta macrocampaña viral de manipuladas o falsas noticias estaba integrada por el anteriormente referido Frank Wisner, Richard Helms (director de la CIA entre 1966 y 1973, condenado en 1977 por perjurio ante el Congreso de EEUU), Philip Graham (copropietario de The Washington Post) y el propio Allen Dulles. Una buena parte de las “noticias” difundidas vía agencias durante décadas por la prensa y los mass media del llamado “mundo libre” tienen su más que dudoso origen en la unidad Mockingbird de Dulles.²

1953: Dulles es nombrado director de la CIA por la Administración presidencial de Eisenhower. Es el primer director civil de la Agencia desde su fundación en 1947 (los anteriores directores eran oficiales del ejército). En ese mismo año dirige la Operación Ajax, designación en clave del golpe de Estado en Irán que derrocó al primer ministro progresista Mosaddeq e impuso por la fuerza la sangrienta y corrupta dictadura del Sha con el concurso de la CIA y de comandos de fuerzas especiales estadounidenses.

1954: Dirige un golpe militar en Guatemala, que derrocó al presidente Jacobo Árbenz, para defender los privilegios e intereses de los terratenientes y empresarios locales, así como de la multinacional estadounidense United Fruit Company, con la que Dulles mantenía, valga la redundancia, fructíferas relaciones.

La obsesión cubana

1960: Promueve la denominada Operación 40, una red creada para evitar la extensión de procesos revolucionarios como el de Cuba en la región del Caribe, América Central y México. En el marco de esta operación Dulles ordena múltiples intentos de asesinato³ de Fidel Castro a cargo de agentes reclutados en la Mafia italoamericana y el exilio cubano de Miami.

1961: Como respuesta a la proclamación del carácter socialista de la Revolución cubana, Dulles dirige la Operación Bahía de Cochinos o Playa Girón, un intento fallido de invasión de la isla por parte de tropas contrarrevolucionarias entrenadas, armadas y financiadas por la CIA, que fueron derrotadas en apenas 72 horas por el Ejército Rebelde y las milicias populares cubanas. Tras este sonado fracaso, el presidente John F. Kennedy obligó a Dulles a dimitir de su cargo como director de la Agencia.

1963: El presidente Johnson nombra a Dulles miembro de la Comisión Warren, creada para investigar el asesinato de Kennedy, precisamente el presidente que le cesó. El magnicidio, hasta la fecha, continúa sin ser esclarecido.

1969: El 29 de enero, Allen Welsh Dulles muere en su residencia de Washington DC a la edad de 75 años a consecuencia de una gripe mal curada.
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[1]: Mimus polyglottos, “sinsonte” en castellano, es un ave de América del Norte que se caracteriza por su capacidad para imitar los sonidos que emiten otros animales.

[2]: Ya entrado el siglo XXI, durante la presidencia de George W. Bush, una operación de captación de profesionales de medios de comunicación similar a Mockingbird fue dotada de fondos y puesta en marcha por la administración estadounidense. Su principal objetivo era contrarrestar la creciente influencia en la opinión pública nacional e internacional de las masivas movilizaciones globales contra la guerra de agresión a Iraq de 2003.

[3]: Una comisión especial del Senado de EEUU creada en 1975 para investigar las actividades clandestinas de la CIA y el FBI (denominada Church Committee por el apellido de su presidente, el senador Frank Church) reconoció la existencia de al menos 16 intentos de asesinato de Fidel Castro a cargo de los servicios secretos estadounidenses.
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Nota final: Esta relación no pretende ser completa ni exhaustiva.
Las acciones de la CIA en Europa —continente que fue el teatro principal de operaciones de los servicios secretos estadounidenses durante el período de la ‘Guerra fría’— no están desarrolladas. Podríamos mencionar también la participación de la Agencia en operaciones de sabotaje y subversión previas a intervenciones militares de EEUU en la época de Dulles como director, como fue el caso de Líbano o Panamá en 1958, por citar sólo dos ejemplos.

Fuente: CiudadFutura

domingo, 24 de abril de 2016

El destino de los Imperios o una explicación del ocaso de Occidente

"Interior del coliseo, Roma", 1832. Oleo sobre lienzo, Thomas cole.
"Hasta las estadísticas más simples demuestran la rotación constante de una nación tras otra a intervalos regulares"
John Bagot Glubb
Sir John Glubb fue un autor y profesor británico condecorado por su servicio en los Royal Engineers en la Primera Guerra Mundial, fue comandante de la Legión Árabe Jordana desde 1939 hasta 1956. Brillante erudito, profundizó en sus conocimientos de la historia clásica y árabe con sus contactos con el mundo académico local durante su estancia en Jordania. Su famoso y sucinto ensayo, The Fate of Empires and the Search for Survival (1978), analiza el ciclo vital de los imperios desde sus orígenes hasta su eventual caída. En su día, provocó cierto revuelo por el parecido en la trayectoria de EEUU, hoy las similitudes son incluso más.

Glubb observa un patrón inquietante que emerge cuando se trata de la durabilidad de los imperios humanos: Desde el Imperio Asirio (859-612 aC), el Imperio Árabe (634-880 dC), al Imperio Británico (1700 - 1950), cada uno parecía perdurar aproximadamente 10 generaciones, o alrededor de 250 años. Glubb postula que cada imperio pasa por seis fases predecibles:
  1. Ascenso/conquista
  2. Comercio
  3. Abundancia
  4. Intelectualidad
  5. Decadencia
  6. Caída
Este patrón de ascenso y caída es independiente del sistema de gobierno (despotismo, monarquía, república, democracia) y las cualidades peculiares de la raza que engendró el imperio (Áfricana, Asiática Oriental, Europea, Asiática Central). Este patrón no se ve afectado por las tecnologías de la época (la rueda, montar a caballo, navegación, la pólvora, la electricidad, etc.) y, aunque el patrón del ascenso de las grandes naciones parece ser uniforme, el patrón de las caídas es diverso, lo que significa que mientras que todos los imperios nacen y se desarrollan más o menos de la misma manera, su forma de morir varía en gran medida.

Glubb observa que todos los imperios a través de la historia pasan por las mismas etapas, que duran aproximadamente el mismo tiempo: diez generaciones; más o menos unos 250 años. Esta duración parece estar motivada por el comportamiento humano, sorprendentemente uniforme entre culturas y, también sorprendentemente, independientemente de las tecnologías disponibles en la época (de transporte, comunicaciones y bélica). La seis etapas del ciclo vital de los imperios a veces se solapan momentáneamente.



Fase 1: Ascenso/conquista

En la primera fase del gran imperio, las naciones pequeñas, aunque vistas como insignificantes por sus vecinos, arrancan a dominar grandes extensiones de territorio. Esta explosión inicial se caracteriza por exhibiciones extraordinarias de energía y coraje, sus gentes, acostumbrados a las dificultades, son pobres, duros, emprendedores y, sobre todo, agresivos, y poco les disuade en su deseo de gobernar. Las gentes de los imperios decadentes o Estados de menor importancia que subyugan, son acomodadas y ricas, pero están trabados en su actitud tímida y defensiva. Esto le da la ventaja a la nación emergente, cuyos miembros pueden ser audaces y agresivos en su actitud; tienen poco que perder salvo sus vidas. Pero no es sólo una ventaja militar la que esta nación emergente, esta nación conquistadora disfruta; sino que, porque tienen hambre, porque no están obligados por una tradición establecida, sino por un enfoque intenso hacia su objetivo, la nación ascendente exhibe un gran dinamismo en todo el espectro de las actividades humanas: la ciencia, la tecnología, su gobierno, su cultura. Nada engendra más éxito que el éxito mismo, y la confianza auto-alimentada de la nación emergente, les lleva a creer que tienen el propósito de dominar y gobernar para siempre, tal vez incluso elegidos por su dios (o dioses), para dominar sobre los hombres.

Es interesante notar que es aquí, en el principio, donde se siembran las semillas de la destrucción imperial, ya que cada país, a raíz de su ascenso, atribuye su buena fortuna a su superioridad hereditaria y natural. Habiéndose convertido en dominante, esta nación se ve como naturalmente mejor que los pueblos que conquistan. Sin embargo, es esta arrogancia la que se convierte en el catalizador de la propia destrucción de la sociedad. La cultura no se protege a sí misma contra la diversidad que vendrá, y que arruinará la población que construyó la nación.

Fase II: Expansión comercial

Los comerciantes y el conjunto de las personas se benefician de la paz, la seguridad y la racionalización de los procesos burocráticos que un gran imperio asegura . La transición de la ascensión / conquista al comercio, se caracteriza por un cambio en las actitudes, en la que el estatus por la gloria militar y el honor, da paso a un énfasis en el aumento de la fortuna. Sin embargo, como el recuerdo de dónde vienen aún está fresco, la gente y la cultura es todavía fuerte.
La primera mitad de la "Edad del Comercio" es particularmente espléndida ... virtudes como la valentía, el patriotismo y la devoción al deber están todavía en boga. Los niños deben ... ser viriles, [y] las escuelas de niños son intencionalmente exigentes.
La era del comercio también se caracteriza por la exploración de nuevas formas de riqueza, y la obtención de la riqueza es el catalizador para la transición a la "Edad de la abundancia".

Fase III: Luxos

La abundancia de riqueza y comodidad comienzan a dañar las cualidades que hicieron exitosa a la nación. Por ejemplo, la búsqueda del éxito individual reemplaza la del honor y la aventura como los objetivos de los mejores y los más brillantes de entre los jóvenes. Poco a poco, esta persecución del oro, desplaza la persecución del deber. Por otra parte, la educación sufre un cambio similar en sus prioridades; así, las instituciones educativas se centran en la producción, no de patriotas valientes, sino en acuñar a los que gobernarán hacia los altos salarios. Esta fase representa el apogeo de una sociedad, es todo cuesta abajo desde aquí, ya que las personas se tornan más individualistas "... del espíritu de servicio al egoísmo", y la nación en su conjunto, cambia de la agresividad ofensiva, a actitudes defensivas, interesados no en la adquisición de más riqueza, sino en asegurar lo que se tiene.

Este cambio en las actitudes nacionales hacia un mayor pesimismo y pragmatismo durante esta fase se refleja en la postura de la política exterior de la nación: 
... habiendo un mayor abastecimiento de dinero que de coraje, se emplean, en lugar de armas, subsidios para comprar a los enemigos.
Varias argucias psicológicas se utilizan para intentar considerar este cambio como noble, en vez de cobarde:
La disposición militar ... es denunciada como primitiva e inmoral. Los pueblos civilizados son demasiado orgullosos para luchar. La conquista ... se considera algo inmoral. Los imperios son malos. "No es que tengamos miedo de pelear", suelen decir, "sino que debemos considerarlo inmoral ". Las naciones que se proclaman poco dispuestas a luchar, están expuestas a ser conquistadas por pueblos en la etapa del militarismo
Además, durante esta fase, la prosperidad y la riqueza también traen una afluencia de extranjeros a los centros urbanos del imperio. Los romanos nativos se quejaron de la multiplicidad de gentes del Oriente Medio y norteaafricanos en Roma, al igual que los habitantes de Bagdad, a su vez sufrieron una enorme afluencia de persas, turcos, árabes, armenios, egipcios, africanos, y griegos. Hoy en día, Londres es conocida en algunos círculos como "Londonistán", New York hace mucho tiempo dejó de ser habitada principalmente por anglos, y el propio Washington DC cuenta con una amplia población internacional (solo hay que llamar a un taxi en esa zona para convencerse de ello). El resultado de esta migración es que la población que creó el imperio, es relegada a las zonas de influencia, las fronteras y las zonas rurales, mientras que los extranjeros llegan a dominar las ciudades y, finalmente, la política de todo el reino. Así vemos que en realidad, en verdad, no hay nada nuevo bajo el sol, ya que esta "diversidad" se repite una y otra vez en la historia, y la solidaridad y el compañerismo que surgen con la homogeneidad étnica y cultural (las cualidades que construyeron el imperio en el primer lugar) primera se erosionan, y luego desaparecen por completo.

Esta diversa masa políglota está poblada por inmigrantes, que a menudo no se logran asimilar plenamente, lo que lleva a problemas de lealtad intragrupo / extragrupo, y a una falta de disposición general a sacrificarse por el país anfitrión, cuando la ola de prosperidad da paso a tiempos de recesión. Grubb señala:
Cuando se establece el declive, es extraordinario cómo la memoria de guerras antiguas, quizá de siglos antes, revive de repente, y los movimientos locales o provinciales parecen exigir la secesión o la independencia
Esta falta de coherencia cultural se combina con el mencionado cambio en los valores de la lucha por la racionalización, y, finalmente, un sentimiento de superioridad moral, que sienta las bases para las luchas internas que son características de la etapa siguiente, la "Edad del intelecto".

Fase IV: Intelectualismo. El principio del fin

El pueblo, carente ya de mentalidad marcial y con vidas no visitadas con frecuencia por las privaciones, se vuelven indiferentes a la adquisición de riqueza y bienestar, viéndose a sí mismos como intelectuales. Este período se caracteriza por la proliferación de instituciones de enseñanza y una rápida expansión de la base de los conocimientos. El Intelectualismo lleva a la discusión, el debate y al argumento, y así, la cultura pierde su homogeneidad. Las divisiones políticas internas entre ideologías se osifican y se vuelven insalvables. Con muchos capitanes que compiten por el control del timón, la nave del Estado comienza a ir a la deriva:
Así los asuntos públicos van derivando de mal a peor, en medio de una cacofonía incesante de argumentos ... en medio de una babel de chácharas, el barco se desplaza hacia a las rocas. Las diferencias internas no se reconcilian ... las rivalidades internas se agudizan, y la nación se vuelve más débil.
Es importante señalar aquí que el Imperio sigue siendo fuerte en este momento y está situado en una especie de edad de oro. Pero el brillo exterior oscurece una pudrición interior, ya que el Imperio sangra desde dentro. En esencia, el Imperio está viviendo en tiempo prestado, ya no produciendo, conquistando, ampliándose; en su lugar, se alimenta de la grasa almacenada en su propia grandeza pasada. Viéndose aún a sí mismos excepcionales, la nación se relaja y disfruta de los frutos de su trabajo, esta voluptuosidad latente resulta en más y más tiempo dedicado al ocio.

Por otra parte, un Imperio, en esta etapa, aunque no amplía ya su territorio, todavía gusta verse más inteligente que sus vecinos y sigue patrocinando la expansión cultural de su Imperio. Pero el motivo de esta expansión no es es militar (lo cual sería malvado), sino que es para el bienestar de los demás, lo que se considera "bueno", y, así "justificado", el imperio continúa ampliando su influencia. Este cambio en la motivación es clave ... cuando la cabeza (la razón) llega a dominar al corazón (la pasión), el gran imperio quiere "ayudar" a los menos "afortunados" a compartir su prosperidad. Glubb, sin embargo, tiene una mala opinión de este cambio:
Tal vez el subproducto más peligroso de la Edad del intelecto es el crecimiento inconsciente de la idea de que el cerebro humano puede resolver todos los problemas del mundo
Esta idea lleva al Imperio a sobre-extenderse a sí mismo, ya que literalmente no hay límite a los problemas por resolver en un esfuerzo por mejorar el bienestar de los extranjeros. Así, agotado, el descuidado, oxidado andamiaje socio-cultural y económico que soporta el edificio del Estado comienza a descomponerse. El centro, el núcleo, no se sostiene.

Fase V: Decadencia

La decadencia es una enfermedad moral y espiritual, no física, resultado de un período demasiado largo de riqueza y poder. Los ciudadanos de una nación así ya no hacen un esfuerzo para salvarse a sí mismos, porque no están convencidos de que nada en la vida merezca la pena salvarse.

Un imperio en decadencia está marcada por varias características. 
  • La primera entre ellas es un fuerte sentimiento predominante (y autocumplido) de pesimismo entre la gente, con frecuencia acompañado de frivolidad, donde las personas cambian las esperanza y la orientación hacia el futuro, por un enfoque en el presente ... una actitud de tipo "vamos a comer beber y ser felices, porque mañana estaremos muertos". Carpe diem. Grubb también hace notar que los héroes de un imperio cambian en las civilizaciones en declive, en consonancia con este enfoque hacia la frivolidad ... el actor, el cantante, y el atleta (todos ellos relacionados con el entretenimiento) reemplazan al general, estadista o genio literario, como modelos a seguir para los jóvenes.
  • Otra característica del declive que se observa, es la degeneración y una laxitud generalizada de la disciplina durante estas épocas. Un materialismo creciente, la retirada de la moralidad, el advenimiento del feminismo, y la aparición e influencia de las mujeres en la vida pública son todas características de una civilización en decadencia. La indiferencia hacia la religión aparece también entre la cultura y, como Glubb atribuye a la religión (expansivamente definida, incluyendo la fe del propio Imperio en un destino especial para sí mismo) la fuerza motivadora del deseo de expandirse, conquistar, subyugar o extinguir, así el espíritu de servicio, la heroica abnegación por la causa, también desaparece.
  • Una tercera característica es una cuyas bases se sentaron en la Edad del Intelectualismo ... la Edad de la Decadencia se asocia con la filantropía, la generosidad y la compasión por otras razas y naciones. La cultura asume una actitud condescendiente de "nobleza obliga" hacia los menos afortunados, la idea de que siempre serán ricos empuja al Estado imperial a gastar pródigamente, y a conferir privilegios, derechos y beneficios a todos los recién llegados. Los derechos de ciudadanía, una vez signo de estatus, un bien preciado, se degradadan, ya que el Estado los otorga con largueza... en algunos casos, los vende para obtener ingresos... de nuevo para conferir los beneficios y la prosperidad a todos. La asistencia estatal a los pobres es igualmente generosa. Al menos hasta que se derrumba la economía.
¿Cuáles son las causas de la decadencia? Glubb enumera estas cuatro:
  1. Un período demasiado largo de riqueza y poder.
  2. El egoísmo.
  3. El amor desenfrenado al dinero.
  4. La pérdida de un sentido del deber.
Glubb no discute la Fase VI, el fin o la caída de los imperios, porque tales finales varían ampliamente y su estudio no arroja ningún patrón regular que merezca discusión.

Tras la publicación del ensayo (1978), muchos argumentaron que los EEUU seguían un patrón diferente y que escaparían a este proceso. Su respuesta fue:
Los Estados Unidos surgieron súbitamente como una nueva nación, y su período de ascenso fue empleado como pioneros en la conquista de un vasto continente, en lugar de un antiguo imperio. Sin embargo, la historia de la vida posterior de los Estados Unidos ha seguido la tónica habitual ... los períodos de los pioneros, del comercio, de la abundancia, de la intelectualidad y de la decadencia.
Glubb falleció en 1986, y, en el apogeo de EEUU como potencia en la decadencia de la URSS y sobre todo tras la caída de ésta, con el estatus de potencia unipolar mundial, casi nadie dio importancia a sus escritos.

Recientemente, se le ha re-descubierto en el mundo anglosajón, por la precisión con la que encaja su descripción de la decadencia de los Imperios, con el discurrir de la historia americana, especialmente los últimos 50 años. Si nos atenemos al ciclo vital observado por Glubb para otros Imperios, el estadounidense habría de caer alrededor de 2025. Desde luego, varias de las fases ocurridas en otros procesos de declive de una potencia en la historia, así lo parecen sugerir.

John Bagot Glubb - Wikipedia, the free encyclopedia

Article Review: The Fate of Empires - The Spearhead

http://people.uncw.edu/kozloffm/glubb.pdf

Su necrológica en El País (murió en 1986).

Ha muerto el militar inglés 'Glubb Pacha', ex je

jueves, 29 de octubre de 2015

TINDER

Es un juego con recompensa”. “La experiencia es similar a la de ir a una tienda de pinturas a elegir colores”. “Abres la aplicación, miras las fotos y decides: esta sí, esta no. Te sientes Dios”. “Es marketingpuro y duro: pones tus mejores fotos para venderte”. “Es entretenido, divertido, emocionante”. “Mi sensación es que es Sodoma y Gomorra”. “Quedar es muy fácil. Follar es muy fácil. La gente está predispuesta. Los chicos y las chicas”. “Es tan fácil establecer relación que, si no va bien, buscas otra”. “Es una forma alternativa de conocer gente”. “Es silenole. Es brillante”.
Cada vez hay más solteros. En España, el INE registró el año pasado 4,4 millones de hogares unipersonales. Y la tendencia no parece que vaya a remitir. Además, los españoles son líderes europeos en uso desmart­phones: el 81% de los móviles son inteligentes, según un informe de la Fundación Telefónica. Internet –entre otras muchas cosas– ha facilitado que oferta y demanda se encuentren sin necesidad de intermediarios: compramos en eBay, buscamos alojamiento en Airbnb y ligamos a través Tinder, Happn, Badoo o AdoptaUnTío.
La gente ya no cree en
el ‘ para toda la vida’ y busca lo práctico. Ahí entran las aplicaciones”
Grindr fue la pionera. Su fundador, Joel Simkhai, llevaba tiempo buscando una solución: él era gay, y siempre se preguntaba quiénes a su alrededor también lo eran. Había recurrido a webs para conocer chicos, pero sin resultados satisfactorios. En 2009 lanzó ­Grindr, una aplicación geolocalizada que permite, de un vistazo, ver perfiles de otros gais en la misma zona del usuario. Hoy la utilizan a diario más de dos millones de homosexuales en todo el mundo, desde Estados Unidos y España –su sexto mercado– hasta Irak o Ghana. Y Tinder, nacida en 2012, es la responsable de la popularización de las apps para ligar. Ninguna otra crece tan rápido. En 2010, plataformas como Badoo o AdoptaUnTío acomodaron sus sites al smartphone, pero no dieron con el eureka de Tinder. Fundamentalmente dirigida a un público heterosexual, la clave de su éxito es la sencillez: solo hay que registrarse con el perfil de Facebook, seleccionar unas cuantas fotos, determinar el radio de descubrimiento, el sexo y el rango de edad de los chicos o chicas a los que se quiere conocer, y empezar a mirar fotos. Sí. No. Sí. No. Con el movimiento de un dedo. Si se desliza a la derecha, te gusta. A la izquierda, no te gusta. Si la atracción es mutua, hay una coincidencia y se puede empezar a hablar. En España, según datos facilitados por Tinder, se producen 15 millones de movimientos dactilares (swipes, en inglés) al día. La appestadounidense, que opera en 196 países y está disponible en 30 idiomas, no proporciona cifras de usuarios, pero presume de haber superado los mil millones de coincidencias en su breve historia. Es la aplicación de la que habla todo el mundo. Un filón para monologuistas.
A finales de los noventa y principios de los 2000 surgieron webs de contactos como Meetic, Match, OkCupid o eDarling que, basándose en exhaustivos cuestionarios y algoritmos de recomendación, proponían personas compatibles con sus usuarios y permitían navegar entre montones de perfiles. Estas representan el modelo tradicional: el del agente inmobiliario con experiencia y profesionalidad como avales. En Estados Unidos, las plataformas dedating ganarán mil millones de euros –las apps, 550 millones– en 2015, según previsiones de la firma IBISWorld. En España los datos escasean y para encontrar una referencia del sector hay que remontarse a abril de 2012: en la presentación de su versión española, AdoptaUnTío valoraba el mercado en 40 millones de euros y destacaba su “importante potencial de crecimiento”.
CRISTÓBAL FORTÚNEZ
El nuevo modelo está liderado por las aplicaciones concebidas para elsmartphone y, por tanto, fáciles de utilizar. Ahora el cliente va solo alsupermercado: busca, compara y elige. La crítica recurrente a Tinder es su superficialidad. Unas cuantas fotos, la edad, una descripción de 500 caracteres –opcional– y una serie de intereses no bastan para tomar una decisión informada. “Es la vida real, pero mejor”, defienden sus fundadores. Sus perfiles proceden de Facebook, lo cual garantiza una cierta autenticidad, y además, como apuntaba Eli J. Finkel, psicólogo de la Universidad Northwestern de Illinois y estudioso de la evolución de las citas online en The New York Times, Tinder se basa en la imagen, pero nosotros también: siempre hemos ligado con el que nos entraba por el ojo.
“Encuentra a quien te has cruzado”. Ese es el eslogan de Happn, aplicación que ya suma más de 350.000 usuarios registrados en España. Es la favorita de Pablo, informático de 24 años. “A veces voy por la calle y pienso: ‘A ver si por casualidad esa chica está en la app”. Él empezó a utilizar Happn y Tinder porque sus amigos lo hacían. Sentía curiosidad. ­Estas herramientas móviles han creado una audiencia completamente nueva: por primera vez chicos y chicas de 18 y 25 años, fundamentalmente residentes en un entorno urbano, se plantean utilizar servicios de dating.
Yago, madrileño de 44 años, separado desde hace ocho, probó sucesivamente Meetic, Badoo y, por último, Tinder. También sentía curiosidad, pero, como suele ocurrir al usuario habitual de los sitios de encuentros, sus oportunidades de conocer gente se habían reducido. “Mi grupo de amigos no me aportaba nada, estaban todos emparejados, y mi entorno laboral estaba muy condicionado por mi posición. Quería conocer gente sin compromisos. Para tomar una cerveza. Para ir al cine. No estaba pensando ni principal ni exclusivamente en sexo”. Conoció a su pareja actual a través de Tinder. “Ella tiene 26 años y era reacia a utilizar este tipo de apps, pero en su caso lo hizo porque parecía que estaba off si no tenía Tinder. Equivalía a no estar en el mundo”.
Torso desnudo, a la izquierda. Haciendo surf, a la derecha. Con perrito, a la izquierda. Con la ex cortada de la foto, a la izquierda. Con cinco amigos, a la izquierda. Con barba, a la derecha. Hiperguaperas, a la izquierda”. Tras la criba, a María, periodista de 32 años, le quedaron 220 coincidencias. Ella buscaba una relación y se puso un límite: tendría 10 citas, y si nada prosperaba, abandonaría Tinder y Happn. Pero rectificó. “Puedo haber quedado con 15, quizás alguno más, y repetido con 4”. Adicta al trabajo, al principio siempre quedaba a tomar algo cerca de su casa. Hasta que se aburrió y cambió de estrategia. “Siempre era la misma situación, las mismas preguntas, así que empecé a hacer planes. A uno me lo llevé a clase de trapecio”. Ahora ni siquiera tiene tiempo para ligar, pero se plantea volver a la carga en primavera. “Yo he llegado a quedar con cinco chicos en una semana y media, y he de decir que mi ratio de citas en la vida real no era así”. Es el punto fuerte de estas aplicaciones: multiplican las oportunidades, aceleran el proceso de conocer a alguien. Hay quienes chatean durante semanas para minimizar riesgos, otros en cambio se aventuran tras unas horas de intercambio de mensajes. A veces sale bien, otras no tanto, pero siempre asegura cómicas anécdotas con las que deleitar a amigos casados o en “relaciones eternas” –les fascina este nuevo mundo, coinciden los entrevistados–. Dos hits de tertulia: la “decepción” de Jessica (nombre supuesto), valenciana de 39 años, con David. Para ella, la música es una línea roja: es fundamental compartir gustos. Había mucha química, pero escuchaba Kiss FM, y cuando ella le comentó que le gustaba David Bowie, él contestó que prefería aDavid Guetta. O aquella vez en la que Enrique (30 años) triunfó en Grindr con una foto que se hizo con Manuela Carmena, actual alcaldesa de Madrid, durante la campaña de las elecciones municipales. “Fue la época de mi vida en la que más me han escrito: decenas de mensajes al día y la mayoría muy positivos. Solo dos me llamaron comunista… Entre otras cosas”.
Es como si Tinder hubiera inventado
el sexo. Veo el consumo compulsivo de la novedad”
La pujanza de las aplicaciones de citas constata, en opinión de Luis Ayuso, profesor de Sociología en la Universidad de Málaga, “una pérdida del pudor”. Nuestros abuelos se excitaban con el cancán y los adolescentes de hoy son maestros en el arte del sexting. En muchas ocasiones, añaden sus usuarios, también de modales. “Es muy duro: escribes a alguien y a lo mejor la foto de perfil les gusta, pero las siguientes no, y lo normal es que no te respondan. Hay quienes te dicen: ‘Disculpa, no es lo que me esperaba’, pero no es lo habitual”, cuenta Enrique. Él lo primero que hizo cuando estrenó su smartphone fue descargarse Grindr, pero ahora lleva cuatro meses sin utilizarla. “Si tienes tendencia a la baja autoestima, es un círcu­lo vicioso: llegas a casa y echas la red. Hubo una tarde que me tiré cinco horas y no quedé con nadie. Me enfadaba conmigo mismo, pero al mismo tiempo estaba buscando que me dijeran lo bueno que estaba. A mí estas aplicaciones me minan la autoestima: cuando las elimino me siento liberado”.
Tener una actitud más fría es parte del aprendizaje. Un signo de veteranía. “Necesitas una vida entera. Del chat de Tinder pasas al WhatsApp y tienes esa conversación más tu grupo de amigas, del trabajo, Instagram, Facebook. A ratos estresa”, asegura Jessica. “Al principio me tomaba más tiempo, pero ahora voy más al grano y, si no me interesa, directamente borro”. Eugenia, de 39 años, calcula que el 70% de sus relaciones han nacido en chats o aplicaciones. Las cuatro últimas surgieron en Wapa, una app para lesbianas con 200.000 usuarias activas (Wapo, para chicos gais, suma casi 350.000). “Al principio era una ilusa y me imaginaba en el altar con la chica con la que hablaba. Ahora, en cambio, soy muy distante”, explica. “Yo, por mi personalidad, siempre he tenido miedo al rechazo, pero en la app me da más igual”. Ella dice no, a ella le dicen no. Es parte del juego.
“Es como si no hubiese habido sexo antes de Tinder. Veo el consumo compulsivo propio de la novedad”, resume Jessica. El año pasado presenció cómo la hija de unos amigos abría sus regalos de Reyes. Retiraba el envoltorio, miraba el juguete unos segundos, lo apartaba y abría el siguiente. Para ella, esa imagen podría ilustrar el “desenfreno” que propician las aplicaciones. “Me descargué Tinder hace nueve meses porque buscaba una relación, pero no tardé en darme cuenta de que no era el medio que pensaba y cambié el chip. He aprendido a disfrutarlo, pero me encantaría regresar a lo tradicional. Es mucho más interesante. Lo triste de las apps es que no te tomas el tiempo de descubrir a la otra persona. No se da pie a profundizar”.
CRISTÓBAL FORTÚNEZ
Paul W. Eastwick, profesor de Psicología de la Universidad de Texas, ha dedicado buena parte de su investigación académica a entender cómo se inician las relaciones románticas y los mecanismos psicológicos que favorecen que las parejas permanezcan unidas. “Las aplicaciones y las webs de contactos hacen que la gente piense que tiene más opciones románticas y hay evidencia empírica que demuestra que tardarán más en comprometerse”, explica.
“Yo creo que sí que está cambiando nuestra forma de relacionarnos”, opina Yago, profesional delmarketing de 44 años. “Pero más en la forma que en el fondo, porque al final se acaba quedando y es lo de siempre. Pero en este primer paso se están produciendo cambios. Yo he tenido relaciones en las que, ante la primera crisis, una de mis respuestas ha sido volver a mirar Tinder. Son herramientas frívolas, pero no creo que esto las inhabilite para entablar relaciones duraderas. Una vez das con una persona con la que estás a gusto, tiene el mismo valor que la hayas conocido en una app, en la discoteca o en un curso de cocina”.
Enrique es menos optimista. “En Madrid y Barcelona se busca sexo. Directo e inmediato. Y es tan fácil conseguirlo cuando quieras y con quien quieras que es imposible iniciar relaciones. Conozco muy pocos casos de parejas que hayan salido de encuentros fortuitos vía appscomo Grindr o Wapo. La oferta es tan brutal que está todo muy devaluado”.
El pasado verano, la edición estadounidense de Vanity Fair publicóun polémico artículo que vaticinaba el “apocalipsis” de los encuentros románticos. Y la culpa era de las aplicaciones. De nuevo, Eastwick apela a la evidencia científica: “No está probado que la gente sea más proclive a establecer una relación seria o esporádica en función de cómo se conozcan. El lugar no tiene efecto alguno sobre la duración de la relación”.
María defiende que el cartel de “solo sexo” que se cuelga a Tinder es inmerecido. “Estoy muy cansada de que la gente piense que solo es para acabar en la cama. Me dicen: ‘Si buscas pareja, mejor métete en Meetic o eDarling’, pero yo tengo poco tiempo y no quiero rellenar cuestionarios. Tinder es más relajado, respondes o no respondes, apareces o no apareces. Me ha ayudado a quitarle hierro a las citas porque cuando estás soltero tienes pocas y cada una es un mundo. Para la primera, me depilé y maquillé, lavé el coche, me puse la mejor ropa interior. Y dos horas antes el tío me canceló. Aprendes, y a la sexta te pones rímel y a correr. Cuanta menos importancia le das, menos te duele. No es un fracaso: es parte del juego. Ha habido chicos que han desaparecido y otros con los que he repetido y han querido más. En mi experiencia, también se busca pareja. Me he encontrado a muchos como yo: workaholics con todos sus amigos casados con hijos o emparejados”, precisa.
“No está probado que la gente sea más proclive a establecer una relación seria o esporádica en función de cómo se conozca”
En Usos amorosos de la postguerra española (Anagrama), Carmen Martín Gaite relata la historia de una señorita, de Palencia o de Valladolid, “que le había aguantado al novio tal cantidad de desaires y de humillaciones que nadie se explicaba cómo no lo mandaba a paseo”. El día de la boda, tras el sí de su prometido y esperándose de ella idéntica respuesta, espetó un rotundo “¡No, señor!”. Perpetrada la venganza, se volvió ante los allí presentes y aclaró: “¡Y si he llegado hasta aquí es para que sepan todos ustedes que si me quedo soltera es porque me da la gana!”. En el libro, tejido a base de hemeroteca y recuerdos personales, Martín Gaite describió cómo éramos. Sobre todo, cómo era ser mujer en esa España. Si el marido era infiel, que lo hiciera de tapadillo, así nada pasaba. El divorcio no existía: era cosa de rojos. Las jovencitas que se metían a monja recibían admiración; las solteronas, piedad y desdén. Los trabajos que alejaran a la mujer del hogar eran un “peligro disolvente”. A la hora de casarse, se aconsejaba a las muchachas que no eligieran a un “jovencito inexperto”, sino a un hombre “vivido”. Ellas, por supuesto, debían llegar vírgenes al matrimonio. Sumisión y sonrisa.
Afortunadamente, esa es una cultura tradicional que vamos dejando atrás”, apunta el profesor Ayuso. “Las nuevas generaciones de mujeres están más formadas y, por tanto, son más abiertas. Pero además ahora tenemos a la abuela, educada para el matrimonio, que le dice a su nieta: ‘Oye, no se te ocurra casarte, ten muchos amiguitos, pero sé siempre independiente’. Hay un verdadero cambio social”. Sin ese paso adelante, subraya, hoy no estaríamos hablando de aplicaciones. En Happn, que el pasado mes de junio cumplió un año en España, el 60% son hombres y el 40% mujeres. Por edades, los solteros más activos son los de 18 a 25 años, que representan la mitad. El 40% restante tiene entre 26 y 35, y las franjas de 36 a 45 y mayores de 46 suman el 7% y el 3% respectivamente, según datos facilitados por esta app francesa. En ­AdoptaUnTío, quizá por su política de ladies first, la proporción se equilibra: 50-50 y las edades más comunes son las comprendidas entre los 18 y los 35 años. Un inciso: no solo hay solteros en estas plataformas. Según un estudio reciente de GlobalWebIndex, consultora especializada en consumo digital, el 42% de los usuarios de Tinder no lo estaban. Al menos, no sin compromiso. La aplicación reaccionó rebajando el porcentaje: según sus datos, solo les constaba que el 1,7% estuvieran casados. ¿Cómo detectarlos? No ponen foto en sus perfiles o, si lo hacen, se cuidan de que no se les reconozca, explican varios entrevistados. También, añaden, existe otra categoría: los que solo se dan de alta para jugar. Una vez más, los infieles saldrían malparados de producirse un caso de hackeo como el de ­Ashley Madison. Pero a los que no tienen pareja no les preocupa en exceso ni la privacidad ni el uso que se haga de sus datos. “Todos ligamos” es la respuesta más repetida. “Y cada vez más gente utiliza las aplicaciones para hacerlo”. No existe el estigma que antaño se asociaba a los sitios de citas, pero los usuarios de estas apps quieren controlar la información: en un grupo de WhatsApp de sus amigos detallarán sus aventuras, pero en Facebook serán más cautos porque entre sus amigos está tanto el profesor de yoga como el tío de Málaga.
“Yo creo que es precisamente el equilibrio de roles lo que ha hecho que este tipo de herramientas hayan despegado”, señala Yago. “Estuve un par de meses en Meetic, Badoo apenas lo utilicé y cuando llegué a Tinder me encontré con mucha más proactividad por parte de las mujeres. Mi chica es muy joven y en su entorno de amigas de su edad, 26, 27, 28 años, utilizan Tinder para tener sexo. Ni se cuestionan que no pueda ser una vía tan buena como cualquier otra para una relación estable, pero no tienen reparos en utilizarla para sexo”.
CRISTÓBAL FORTÚNEZ
Tras salir de una larga relación, Carlos, madrileño de 33 años, vivió su año “de libertinaje”. Se dio de alta en Badoo –su red mundial supera los 267 millones de usuarios, aseguran, pero no facilitan datos de España– y AdoptaUnTío. Esta última, de origen francés, fue la que más utilizó porque él prefiere “dejarse querer”. En este “supermercado de las citas” son las mujeres quienes eligen. Ellos solo pueden enviar “hechizos” para llamar su atención, pero únicamente podrán conversar si ellas los compran. Nunca antes. “Te levantabas por la mañana y tres chicas te habían metido en la cesta. ¡Te subía el ego y la moral!”. En total, echa cuentas, quedó con unas 30 o 40 mujeres. “Fue una época graciosa y divertida. De no parar”, rememora. Su semana álgida tuvo cuatro encuentros. Las de tres –con chicas distintas– eran habituales. Su impresión es que los hombres no son los únicos cazadores. “Quizá todavía un poco más, pero se está igualando casi al 50%”. Sí son los que, lamenta, tienen el comportamiento más reprochable. “Me impactó que muchas chicas, al final de la noche, me confesasen que estaban sorprendidas de que fuera un tío normal. Contaban auténticas barbaridades”. El envío espontáneo de fotos de los genitales ya casi ha alcanzado la categoría de chiste (de mal gusto) entre las usuarias de servicios de dating.
El amor romántico nació en el siglo XVIII en Occidente y desde entonces ha sufrido distintas transformaciones. Si antes su máxima expresión era el matrimonio para toda la vida, ahora lo es la monogamia sucesiva. “Los cambios son consecuencia de la tensión entre el deseo de individualidad y el de fusión en una pareja y del ensalzamiento de la elección continua en todos los ámbitos de esta sociedad de consumo”, afirma Jordi Roca, profesor de Antropología de la Universidad Rovira i Virgili. “De ahí el modelo actual tan generalizado de la sucesión de relaciones, posible gracias a la normalización del divorcio. Dicho esto, no es el fin del matrimonio: la mayoría de personas que se divorcian reincide. Y en muchos casos cada nueva unión es pensada y deseada como definitiva”.
A mí estas ‘apps’ me minan la autoestima. Cuando las elimino me siento liberado”
Pero si en la actualidad el matrimonio para toda la vida pierde adeptos, el ideal romántico sigue siendo hegemónico. Y, según Roca, “contribuye en gran medida a la mo­nogamia sucesiva. Son tantas y tan elevadas y tan poco realistas las expectativas que transmite el amor romántico que difícilmente puede evitarse la frustración y el desengaño tras unos años, algunos estudios cifran un promedio de siete, de relación”.
Y Tinder y compañía son alumnos aplicados de la teoría y práctica del amor: explotan el ideal romántico –Happn se cimienta en el amor a primera vista– y, al mismo tiempo, satisfacen la necesidad periódica de encontrar pareja.
Entonces, ¿acabarán estas herramientas con el amor, como anticipan los agoreros? “La tecnología no genera pautas sociales. La gente ya no cree en el ‘para toda la vida’ y busca cosas más prácticas, más a corto plazo, y ahí entran estas aplicaciones”, opina Cristina Miguel, profesora ayudante en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Leeds, que está a punto de presentar su tesis sobre la intimidad en la era de la redes sociales. Roca está de acuerdo, pero añade una reflexión: “Las aplicaciones y sites de ligue cuestionan varios mitos del amor romántico. El mito del azar, del carácter fortuito del encuentro de pareja; el de la media naranja, es decir, solo hay una persona en el mundo a la que estamos destinados y a la inversa; y el del amor ciego y no calculado, ahora sustituido por la elección razonable e interesada”.
Según Felim McGrath, analista de GlobalWebIndex, “las aplicaciones para ligar se han propagado muy rápidamente, pero las webs de contactos están muy consolidadas, así que todo parece indicar que seguirán siendo relevantes durante un tiempo”. El conglomeradoIAC/InterActive aglutina a algunas de las más importantes: OkCupid, Meetic, Match, Tinder. Si el futuro pertenece al modelo tradicional o al de Tinder, tanto da. El hábito se consolida y las personas que quieren conocer gente utilizan varias herramientas a la vez. Cuantas más opciones, mejor.
Víctor (26 años) tiene un smartphone desde hace poco. Pero utiliza OkCupid desde hace un par de años. “Es otra parte del pastel”, justifica. ¿Por qué limitarse a su círcu­lo de amigos o de trabajo? “Yo no he relegado el ligar a lo virtual. Simplemente lo sumo. Y mucha gente lo hace”. Él ahora está “quedando” con una chica a la que seguía en Twitter. Enrique, que lleva cuatro meses sin Grindr, conoció a su chico en la verbena de la Paloma.
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